Mostrando entradas con la etiqueta Ecosucrense Nº 3. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecosucrense Nº 3. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de diciembre de 2009

Editorial Ecosucrense Nº 3: Un día como hoy, hace 150 años

Neptalí Zegarra Salazar

Al cumplirse los 150 años de la Creación Política del Distrito de Sucre, nuestra revista, orientada a la difusión del sesquicentenario del pueblo, se propuso conmemorar esta relevante fecha con la publicación de temas desconocidos hasta ahora.

Los sucrenses ansiamos un cambio, una renovación basada en los valores, de todo corazón; deseamos que el sesquicentenario sirva para acicatear la conciencia y la voluntad de todos los hijos de Sucre y sea el inicio de un nuevo sucreñismo que nazca de la tierra y de la raza.

recordemos que el día viernes 17 de julio de 1857 fue un día especial para los del Huauco (hoy Sucre), la noticia de creación del Distrito Huauco alteró el peculiar modo de via de los huauqueños, el sol refulgió en ese cálido mes de julio, las aguas de la antigua laguna, cual olas danzarinas, querían llegar a la cima del cerro Las "Lajas" como si comprendiesen la buena nueva que los sucrenses celebraban enfervorizados.

Carátula Ecosucrense Nº 3

Aquel día hubo enbanderamiento voluntario de la ciudad, aca y acullá, se vió flamear la bandera peruana, por entre las cornisas de las casas del pequeño pueblo.

Su reconocimiento como Distrito, incomprensiblemente ignorado en el proyecto de distritalización del 2 de enero de 1857, fue un acto justiciero de los convencionalistas y significó su autnomía municipal. Entonces sus Autoridades audaces, su gente trabajadora y sencilla escribieron páginas brillantes que no se le ha dado el relieve que se merecen, por lo tanto hay la necesidad de recordarlos y difundirlos.

Desde aquella memorable fecha mucha agua ha corrido bajo el puente; acontecimientos que enorgullecen y acciones que acongojan orlan las blondas de su historia.

El 150 Aniversario de Sucre, llamado así desde el 15 de noviembre de 1940, obliga a los sucrenses hacer un alto en su cotidiano vivir para pensar en el pueblo, no solamente exaltando lo grande y promisorio que existe, sino también para reflexionar con toda la fuerza del corazón huauqueño y rebelde, sobre su realidad y advertir que a los 150 años de su creación política Sucre esta sufriendo una baja en su memoria y en los esplendores de su historia.

Para retornar a la condición de pueblo líder, en esta magna fecha proponemos a los sucrenses unidad de la realidad, conciencia de unidad y voluntad de unidad, ingredientes indispensables para enfrentar los problemas presentes en la administración municipal, en la educación, en la economía, en la vida religiosa, socio política y socio cultural.

La cultura básicamente no existe y menos interesa a las autoridades, es insólito que en el siglo XXI no llegue un periódico y este rubro no sea considerado en el gasto presupuestario municipal.

La revista Eco sucrense, desde su primer número, batalló por difundir la historia de Sucre y teniendo como marco el sesquicentenario se llamó a los profesionales, intelectuales, instituciones y publicaciones de Sucre para unir esfuerzos que redunden a favor de la historia y cultura del pueblo.

A pesar de nuestro potente grito fuimos apenas escuchados. En varios intelectuales, con dosis precaria de intelectualidad, primó la soberbia, el silencio mediático en alguna revista, la indeferencia en las instituciones y la ignorancia en las autoridades ediles.

La promoción "Clorinda Matto de Turner" al hacer entrega del tercer número de su revista,lo hace con la satisfacción del deber cumplido y la emoción que nos da el éxito y buena performance de una acción emprendida.

Todavía queda mucho por hacer, como escribir un libro sobre la historia de Sucre, los sucrenses no contamos con una monografía integral que muestre estampas verdaderas del pueblo, escrita por gente imbuída en un sentimiento intenso de adhesión a la tierra, con filial cariño por sus tradiciones y una clara y entusiasta visión de sus grandes destinos.

Para lograr estas tareas pendientes llamamos a todos los hijos de Sucre para que nos pongamos del lado de nuestra tierra que por ser legado de nuestros mayores tenemos que amarla, conservarla y exaltarla.

Lima 17 de julio del 2007.


Cuento: Los Patos de don Romelio

José Respaldiza Rojas

- Apúrate, ya son las cinco de la tarde – dijo la tía Cata.

- ¿Cómo sabes qué hora es?

- Asómate a la ventana y verás pasar a los patos de don Romelio.

Elvira Chávez Mariñas le contaba esa historia a Zamara Micaela, eran abuela y nieta, eran dos generaciones diferentes y esta narración les servía de puente para comunicarse.

- Levántate – dijo el tío Emilio.

- Todavía es temprano.

- ¿Temprano? Si ya salieron los patos de don Remelio.

Eran los conocidísimos patos que criaba don Romelio, eran entre seis y ochos los integrantes de esa gritona fila, eran patos y patas los que salían al campo en busca de su comida y su aseo cotidiano, eran el mejor reloj del pueblo. Siempre salían a la misma hora, siempre regresaban sin tardarse, siempre con su típico plat, plat, plat como sonaban sus pisadas.

Dichos patos avanzaban meneándose, como si la carga que llevaban en el cuerpo estuviera mal amarrada y, con cada paso que daban, se bamboleara de un lado a otro. Eran patos pekineses medio cruzados con silvestres, con sus notorio pico naranja, cabeza verde, cuerpo marrón y patas con guantes, con su inconfundible sonar gritón, todos graznaban al mismo tiempo causando una algarabía tan vocinglera que nadie podía ignorar su pasar. Parecían los músicos monocordes que anunciaban un imaginario circo de pueblo.

- ¿A dónde van?

- A la campiña, a un lugar que le decían la shingoteana, donde había una laguna.

- ¿Para qué van allá?

- Van en busca de su alimento.

- ¿Quién les pone su alimento?

- Nadie, en el campo buscan lombrices, arañitas, moscas, gusanitos, hierba fresca. Ellos escarban con su pico. Atisban las hendiduras, levantan piedrecitas para ver que encuentran.

Ese desfile diario ocurría en Sucre, zona que antes se llamó El Huauco. Pueblo productor gran de leche, acogedor pueblo con casa hechas de adobes, su portón de madera, muy pocas con segundo piso, pueblo con su gente acogedora. Era la tierra donde creció Elvira y escuchó esta narración de sus mayores, tierra donde de pequeña vio también los patos de don Romelio. Ella nació en Parcoy, en la serranía de La Libertad, quizá debido a que la cigüeña tenía su plano de rutas equivocado o tal vez a causa del cansancio de volar por entre los Andes, pero la gringa creció donde lo hicieron sus ancestros.

- ¿Quién es la gringa?

- Así le decían a Elvira.

1

- ¿Y los patos?

- Puedo seguir si no me interrumpes.

Nunca faltaba algún resquicio por donde entrar a la laguna y bañarse, allí se lucían, nadaban, buceaban, hacían piruetas y después, al volver a la orilla, se sacudían varias veces, luego se pasaban largo reto acicalando sus plumas, con su pico van limpiándolas una por una. Y a seguir buscando que comer porque los patos son muy tragones y ca... casi digo una palabrota, es que hacen su defecación a cada rato.

- Come.

- ¿Pero quién me da?

- A los patos de don Romelio nadie les da de comer, ellos comen solos.

- Pero yo no soy pato.

- Ya lo se, pero no te dejes ganar por ellos.

Cada cierto tiempo las patas buscaban pajitas y remitas con las que hacen un nido, escondido entre la maleza, que una vez terminado se arrancan plumas del pecho cubriendo todo el fondo como si fuera un colchón. Allí van poniendo sus huevos, uno diario totalizando, mas o menos, unos quince. A veces, de pura casualidad, alguna persona se topaba con el nido, los recogía llevándoselos para su casa teniendo el cuidado de dejar uno pues si al regresar la pata no ve ni un huevo, dejan ese nido vacío y hacen otro en un lugar muy distinto.

Don Romelio las seguía con cuidado para descubrir esos nidos, sacaba los huevos y los hacía empollar por una gallina. Luego de cubrirlos tres semanas seguidas, se iban rompiendo los huevos para dar paso a patitos, amarillitos, chirriquitititos. Al poco rato ya caminan y hasta nadan. En esos días los patos de don Romelio desfilaban por la pista de tierra afirmada, plat ,plat, plat sonaban sus patitas y también se escuchaban sus cuaquidos al avanzar lentamente toda la calle del pueblo. Los vecinos, sentados en el portal de sus puertas tejiendo sus sombreros decían:

- Allá van los patos de don Romelio.

- ¿La tía Cata existe?

- Existió, a las Catalinas, de cariño, les dicen Cata, su apellido era Zelada.

- ¿Y el tío Emilio?

- Él también existió, se apellidaba Aliaga.

- Ya terminé de comer.

- Viste, les ganaste a los patos de don Romelio.

- ¿Y don Romelio existe?

- Por supuesto que existe, él apellida Zegarra y vive actualmente en Sucre.

Poesía: Onésimo Silva Reyna

El profesor Onésimo Silva Reyna nació en Sucre, egresado de la Universidad de Trujillo, su carrera de pedagogo lo desempeñó con ardorosa pasión por más de 50 años. Escribe poesía de hondo sentir Lírico. A varios de sus poemas les ha puesto música; la guitarra es otra de sus pasiones.

Ha escrito más de 200 poemas pero no los ha reunido en libro para su edición.

Es colaborador permanente de la Revista El Labrador. Ganó un premio en el concurso Literario orgnizado por la Asociación Celendina.


GÓLGOTAS INFINITOS



Tres siluetas se destacan allá en lo alto del calvario

tres condenados a muerte de la tarde a contraluz

trágico acento en el cielo la cumbre envuelta en sudario
flanqueando por dos ladrones Cristo clavado en la Cruz.

Turba implacable fermento de Judíos y Romanos

canalla ahijada del odio plebe de muerte sedienta
caterva de fariseos descreídos y paganos

consumado contra el hijo de Dios espantosa afrenta

Siete palabras se elevan de los moribundos labios

clamando el perdón divino hasta el instante final

borra su amor sacrosanto la cruel cadena de agravios
hasta que asciende el espíritu a la mansión celestial.

Tres interminables horas dura la augusta agonía

Padre en tí encomiendo mi alma, grita el redentor del mundo

del terror la lava ardiente innunda a la vil jauría

el calvario se extremese en estertor tremebundo


El Cristo sacramentado tiene abierto los costados

de los que fluyen sangrientos cien Cristos miles millones

que se esparcen por el orbe indefensos condenados
haciendo del drama humano innúmeras crucificciones.

Esos Cristos desgraciados son los pobres, los hambrientos,

los niños abandonados sin pan, sin amor, sin cielo

son los negros de allá, el África, descarnados, malisentos

los ancianos solitarios para quienes no hay consuelo.


Son los miles sin trabajo, los enfermos y los presos

condenados al olvido, la miseria y los engaños,

son las víctimas actuales de políticos aviesos

que dan forma a la injusticia desde los altos escaños.


Y ante la farsa siniestra y la brutal carcajada

de estos Cristos infinitos carece de eco la voz

para su sed de justicia sólo hay mueca despiadada
y su agonía es muy lenta ante los ojos de Dios.